Sobran las palabras.

Casi tres años de entradas, comentarios y reflexiones plasmados en estas páginas que hoy llegan a su fin. Mucho esfuerzo, trabajo y frustración que dejaré atrás. A veces solo basta un mal día para darse cuenta de que algo no nos convence, de que es mejor cortar por lo sano y empezar un nuevo camino, si es que lo hay. Gracias por vuestra compañía, por vuestros comentarios, por las críticas y los ánimos. En resumen, gracias por dejarme entrar en vuestras vidas aunque sea solo a través de palabras. A partir de ahora me toca vivir las cuatro estaciones, no siempre puede ser verano, no siempre hay algo que decir.
Gracias y hasta pronto,
Laura.




eme

Me gustaría seguir viviendo en una película de ciencia ficción, sí, en una de esas en las que se puede retroceder en el tiempo con solo cerrar los ojos o presionar un botón. Pero, desgraciadamente, la vida real me espera, ese lugar donde los buenos momentos tienen fecha de caducidad y las malas acciones no tienen solución.
Desearía no pensarlo, fingir que no ha pasado nada y que todo sigue igual. Pero lo cierto es que esta marioneta se ha cansado de bailar entre mis dedos; dice que ya no puede más, que está cansada de que sus cuerdas se enreden y salga todo mal, que no puede soportar ver cómo sus escenas no hacen reír a la gente, y siempre terminan llorando al final de la función, porque si ver llorar a alguien, duele, saber que sus lágrimas llevan tu nombre, te destroza. 
Hoy no quiero ser la responsable de manejar sus hilos. Hoy cerramos el telón para siempre. Espero que me lo sepas perdonar; no podemos seguir sacando lágrimas a la gente, la vida es demasiado bonita como para estar triste y nosotras no sabemos hacerlos reír. Nuestra película termina aquí, ahora debes vivir más allá de tu caja de cartón, debes saber cómo es el mundo de los conocidos, debes poder ser LIBRE.


Madrid

Llega el atardecer y poco a poco se va apagando, el sol ya no la ilumina y pronto son las farolas quienes la acompañan. Miles de faros rojos y blancos atraviesan sus calles y algún ciclista valiente consigue perderse entre la multitud. Llega la hora de salir para unos y de entrar para otros, llega la hora de no viajar, de descansar, de reposar y de pensar. Cada vez queda menos gente con la que cruzarse por esas grandes avenidas y cada vez son más las camas que se abren para arroparnos. Ella se vuelve oscura, misteriosa y, ¿por qué no? También algo peligrosa. En sus rincones se esconden desde vagabundos buscando un cobijo hasta parejas que esta noche se dan un respiro sin nadie que lo impida. 
No parece la misma sin esos agobios diurnos, ahora las fuentes parecen susurrar y las estatuas observan lo que pasa a su alrededor. Los semáforos continúan con su juego: rojo, ¡para!; ámbar, ¡cuidado!, verde, ¡pasa!... subo la mirada y contemplo esos balcones llenos de gente, de miradas perdidas y pensamientos que atraviesan las mentes. Echo un último vistazo al cielo y... ahí está, callada, no dice nada y sin embargo, nos transmite toda la paz que necesitamos; ahí, sola; ahí, luna.



Tan solo un poquito

Me apetecía perderme, perderme para encontrarme, perderme para poder conocerme mejor porque últimamente no me entiendo, no me reconozco, no consigo averiguar qué debo hacer  para que todo vaya bien. Me apetecía encontrar consuelo en algo o en alguien, qué más da, quería descubrir que cuando menos te lo esperas todo toma un nuevo rumbo. Pero no, no me encontré, sigo sin entenderme y todo está igual que al principio. Quizás me centré demasiado en encontrar un camino perfecto y descubrí que no hacía falta que nada me guiase, que tan solo necesitaba  un poquito de libertad entre tanta gente, un poquito de alegría entre tantos desastres, un poquito de paz entre tanta guerra y unos poquitos mimos entre tanta soledad. Tan solo quería encontrarme y sigo perdida, tan solo encontrar el final. ¿Y si no hay final?, tal vez no existe y lo único real es el camino que piedra a piedra nosotros mismos construimos.


Hoy me apetece hablaros de ella, una noche más se va a la cama frustrada por lo que piensan los demás, da demasiada importancia a todo, aun sabiendo que no debe hacerlo. Esta tarde alguien le ha dicho que no puede ser tan presumida, que se para en todos los escaparates para fijarse en su silueta y que lo único que la interesa es ir perfecta y llevar todo en su sitio. Yo la conozco y sé que lo único que intenta es quererse tal y como es. Es cierto que se tira horas delante del espejo, pero en realidad la mitad de ese tiempo se limita a poner caras y reírse de sí misma. Y no, no se para delante de todos los escaparates, ella va mucho más allá, ella se mira en cualquier lugar donde pueda verse reflejada, se ofrece una sonrisa y continúa su camino. Su pasatiempo favorito es encontrar la foto que exprese lo que siente: una sonrisa de verdad en un momento feliz o un guiño de ojos en una fiesta. 
Puede que todos esos que la critican crean que la conocen porque nunca parece dejarse nada en el tintero; no sonríe cuando no la apetece y no habla si no hay nada que decir, pero en realidad muchas veces todo eso es solo una coraza. Yo creo que ahora tiene miedo. ¿Miedo? Sí, miedo a equivocarse de nuevo, a tener que tomar decisiones demasiado arriesgadas, a perder y a no poder sonreírse más cuando vea su reflejo.
La verdad es que a mí tampoco me preocupa mucho, la conozco desde siempre y sé que mañana cuando se levante volverá a repetirse: "no hay nada suficientemente malo como para ponerte triste, adelante".

aprender

Y me acostumbré a no quererte, a no seguirte, a saber que no vas a estar cuando mire atrás. Aprendí a no creerte, a conocer tus mil caras y a dudar de tus palabras bonitas. Y por fin me di cuenta de que cuanto más prometen, menos cumplen, de que los "hasta luego" llevan punto final y de que "te quiero" tan solo son dos palabras muy fáciles de pronunciar.


CARPE DIEM!

¿Vivir de rodillas o morir de pie? Nunca luchamos por conseguir lo que nos proponemos, ponemos excusas y dejamos escapar lo que deseamos. Pero el tiempo hace que aprendamos algo, como que todo acaba, que las oportunidades pasan y que nada es para siempre. Por eso tendríamos que luchar por todo aquello que queremos en el momento, sin importar lo que pasará mañana, los precipicios que vendrán o los malos ratos que pasaremos. Porque el que quiere lo puede, lo sigue y lo consigue. El que quiere nunca espera el momento perfecto porque sabe que probablemente no exista. El que quiere arriesga. El que quiere gana.