Madrid

Llega el atardecer y poco a poco se va apagando, el sol ya no la ilumina y pronto son las farolas quienes la acompañan. Miles de faros rojos y blancos atraviesan sus calles y algún ciclista valiente consigue perderse entre la multitud. Llega la hora de salir para unos y de entrar para otros, llega la hora de no viajar, de descansar, de reposar y de pensar. Cada vez queda menos gente con la que cruzarse por esas grandes avenidas y cada vez son más las camas que se abren para arroparnos. Ella se vuelve oscura, misteriosa y, ¿por qué no? También algo peligrosa. En sus rincones se esconden desde vagabundos buscando un cobijo hasta parejas que esta noche se dan un respiro sin nadie que lo impida. 
No parece la misma sin esos agobios diurnos, ahora las fuentes parecen susurrar y las estatuas observan lo que pasa a su alrededor. Los semáforos continúan con su juego: rojo, ¡para!; ámbar, ¡cuidado!, verde, ¡pasa!... subo la mirada y contemplo esos balcones llenos de gente, de miradas perdidas y pensamientos que atraviesan las mentes. Echo un último vistazo al cielo y... ahí está, callada, no dice nada y sin embargo, nos transmite toda la paz que necesitamos; ahí, sola; ahí, luna.



Tan solo un poquito

Me apetecía perderme, perderme para encontrarme, perderme para poder conocerme mejor porque últimamente no me entiendo, no me reconozco, no consigo averiguar qué debo hacer  para que todo vaya bien. Me apetecía encontrar consuelo en algo o en alguien, qué más da, quería descubrir que cuando menos te lo esperas todo toma un nuevo rumbo. Pero no, no me encontré, sigo sin entenderme y todo está igual que al principio. Quizás me centré demasiado en encontrar un camino perfecto y descubrí que no hacía falta que nada me guiase, que tan solo necesitaba  un poquito de libertad entre tanta gente, un poquito de alegría entre tantos desastres, un poquito de paz entre tanta guerra y unos poquitos mimos entre tanta soledad. Tan solo quería encontrarme y sigo perdida, tan solo encontrar el final. ¿Y si no hay final?, tal vez no existe y lo único real es el camino que piedra a piedra nosotros mismos construimos.